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Saber decir NO Destacado

Por: Fray José Wilson Téllez Casas
Rector
 
En el ejercicio cotidiano de nuestras relaciones interpersonales y laborales nos vemos en la necesidad de decir no a personas, invitaciones, peticiones, sugerencias, en fin, emplear este adverbio en diversos momentos y circunstancias.

 

Decir no en muchas ocasiones no es fácil, resulta complejo y hasta engorroso, sin embargo, todos sabemos, de la necesidad, prudencia y hasta sensatez al decirlo y emplearlo bien. Este adverbio no es negativo ¡ni más faltaba! Su uso debe hacer parte de las relaciones maduras y del respeto oportuno y continuo para con uno mismo y para con los demás. Bien sabemos y somos conscientes que decir sí en todo tiempo y en toda circunstancia se convierte en un problema y dificultad en las relaciones que debemos entablar con el otro.

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Fray José Wilson Téllez Casas, Rector Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá

 

Ahora bien, el empleo del no en el ámbito laboral connota, además de la responsabilidad en el trabajo asignado, el sentido de pertenencia a la empresa. No podemos negar la importancia de saber decir no a nuestros compañeros, a los estudiantes y a los padres de familia. ¿Cuándo decirlo? Ello depende evidentemente de muchos factores que se deben evaluar y conciliar para que en todo caso esta respuesta ayude, motive y sea puerta de entrada a otras soluciones y alternativas a quien le expresamos el no.

 

Lo anterior nos ayuda a reflexionar no solo cuándo debemos decirlo, sino cómo debemos decirlo ¿A qué me refiero? A que la manera de expresar dicho adverbio a los demás es más importante incluso que la razón que nos motiva a emplearlo. Decir no desde la razón y la responsabilidad dista mucho del no dicho desde el capricho y la conveniencia personal y por ende egoísta. Y ello se transmite en la manera como a veces decimos no a los demás.

 

Decir no, jamás debe confundirse y circunscribirse con una actitud violenta, impositiva y arrogante. Este no, dicho así, aunque sea necesario, se convierte en un obstáculo y barrera negativo, que no construye y abre alternativas y nuevas posibilidades. Un no respetuoso va de la mano de una actitud de acogida y respeto por el otro, un no irrespetuoso va de la mano de una actitud humillante y ofensiva.

 

Los invito y me invito a reflexionar acerca de la manera como estamos atendiendo a los demás. No confundamos el deber cumplido, con la ofensa constante. Respetar no es un elemento secundario en nuestra labor de empleados de la Universidad. Aprendamos a decir no, buscando siempre lo mejor para el otro.

 

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